"La lectura es el viaje de los que no pueden pagar el tren"

Mudanza

Debido a un proceso de concienciación (si por concienciación entienden la insistencia permanente de ciertos individuos xD) mudaré, de a poco, todos mis blogs a Wordpress. Una de las razones más importantes para este cambio es que Google proporciona información de los usuarios al gobierno que lo solicite y además suprime contenidos acorde a peticiones gubernamentales [1]. Para pedir información de usuarios se alega que son para "investigaciones de carácter criminal" [2]. El problema con esto es que dichas investigaciones criminales bien pueden estar relacionadas con movimientos ideológicos, pues son varios los países del mundo que cuentan con leyes antiterroristas que aumentan las penas de distintos delitos cuando son motivadas por cuestiones políticas. A esto se le suma el hecho de que la supresión de contenidos puede darse incluso por críticas al gobierno.

De todas formas, no es cosa de que crea que el gobierno está pendiente de mis entradas; es sólo que no concuerdo con dicha práctica. Aún cuando está claro que Google seguirá haciendo lo mismo y que mi ausencia no derrocará al Goliat del cyber mundo, no pretendo prestar mi apoyo a un servicio que favorece la persecución política y la censura.

Desde ahora pueden encontrarme en Mi Corazón de Tinta. Espero encontrarlos allá.

Saludos.

Involución

Titulo original: Devolution
Autor: Edmond Hamilton
Año de publicación: 1936
Género: Ciencia ficción
Editorial: Ediciones B
Edición: 2007 publicado en "Obras maestras :la mejor ciencia ficción del siglo XX"
Leer onlineAquí


Involución es un relato escrito por Edmond Hamilton y publicado en 1936. Isaac Asimov lo catalogó entre los tres relatos que no olvidó desde su adolescencia 1.

La historia comienza cuando Ross lleva a sus dos amigos biólogos, Gray y Woodin, al norte de Quebec en busca de unas extrañas criaturas. Estas fueron divisadas por Ross cuando piloteaba una nave en el sector. Las describe como "grandes y brillantes, como montones deslumbrantes de gelatina" (141). Semejante definición desata el interés de sus amigos por descubrir de que clase de criatura se puede tratar.

Para su desgracia, no tardarán en descubrirlo...

En adelante, es posible que te encuentres con spoilers. Si no has leído este cuento y no deseas leer adelantos de la trama, no sigas leyendo.

En Involución unos extraños seres, parecidos a las primeras formas de vida en el planeta, llegan a la Tierra en busca de sus colonizadores. Al no encontrarlos, leen la mente de un humano para darse cuenta que nosotros somos la involución de su especie. Woodin es un biológo que cree fervientemente en la superioridad del hombre. Ante semejante revelación, opta por el suicidio.

En el relato de Edmond Hamilton pueden verse de manera clara dos constantes en nuestra sociedad: la creencia de que inevitablemente somos seres superiores y la falsa seguridad científica, que clasifica como verdades aquellas que sólo son teorías. Ambas ideas se personifican en Woodin, quien suele afirmar con excesiva seguridad que los seres protoplasmáticos y unicelulares fueron los "burdos y humildes comienzos de nuestra vida" (142).

Pese a que este cuento fue publicado en 1936, es posible afirmar que su contenido aún es vigente en la actualidad. La ciencia cada vez cobra más fuerza frente a una sociedad ignorante que toma todo argumento científico como verdadero, siendo que las disciplinas científicas están en constante corrección. Involución nos recuerda que la ciencia no necesariamente maneja la verdad y así como le sucede a los historiadores, los científicos pueden equivocarse en la interpretación de los datos.

El cuento de Hamilton también nos enseña a mirar con un poco más de respeto los otros organismos que conviven con nosotros en el planeta. Al fin y al cabo el hecho de que seamos humanos no nos hace necesariamente superiores: todo depende del punto de vista en que examinemos cada especie. Algunos árboles, como el Pinus Longaeva, tienen miles de años. Una bacteria encontrada en un cristal de sal sobrevivió por 250 millones de años[1]. Las hormigas pueden levantar 20 veces su propio peso y el escarabajo rinoceronte puede soportar hasta 30 veces su propio peso[2]. Según varios estudios recientes ni siquiera somos la única especie capaz de crear cultura, lenguaje o de sentir empatía[3].

Nos jactamos de ser capaces de crear literatura, descubrir el mundo mediante las ciencias, de analizar nuestros propios actos... ¿Pero de qué sirve todo esto si ni siquiera mejoramos nuestra calidad de vida? Vivimos más tiempo, pero también trabajamos más y tenemos menos tiempo para el ocio, menos tiempo para nuestras familias y, en resumidas cuentas, menos tiempo para vivir de verdad.

Involución es un cuento que nos invita a reflexionar con respecto a la altanería humana y, al mismo tiempo, a plantearnos otras posibilidades. Abrirnos, por ejemplo, a la posibilidad de que las ciencias no sean precisamente exactas. Considerar que quizás en un universo (o quizás más de uno) tan enorme, casi infinito, podrían existir especies inteligentes y tal vez mucho más inteligentes que nosotros mismos. Como todo buen cuento de ciencia ficción, al terminar de leer la historia de Hamilton nos queda la sensación de que las posibilidades pueden ser más grandes de las que imaginamos.

Los fanfiction


Cuando comencé a leer Harry Potter recién se había publicado El cáliz de fuego, que es el cuarto libro de la saga. Mientras esperaba la quinta entrega, descubrí el mundo de los fanfiction. Al principio, sólo eran lecturas para pasar el rato. Era una forma de seguir participando del universo de Harry Potter, pero de manera extra oficial. Sin embargo, a medida que leía iba descubriendo historias tan o más buenas como los libros de Rowling. Yo misma terminé escribiendo varias historias basadas en el universo de dicha autora. Fueron los fanfiction los que me insertaron de lleno en el mundo de la escritura y justamente por eso quiero dedicar una entrada a explicar el riquísimo universo de estas historias.

Los fanfiction (también llamados fanfics o fics) son escritos de fanáticos, que se basan en el universo y/o personajes creados por cierto autor. Pueden ser historias basadas en novelas, películas, series, dibujos animados, etc. El continuar historias, modificarlas o utilizar los mundos creados por otros autores ha sido una práctica habitual en la historia de la literatura; la diferencia radica en que los fanfiction son escritos publicados sin fines de lucro. Si Las nieblas de Avalón de Marion Zimmer Bradley o Candomblé, caipirinha y Sherlock Holmes de Jô Soares hubieran sido publicados de manera gratuita en internet, no tendrían mucha diferencia con los fanfiction. Ni siquiera la calidad artística, pues muchos fics pueden llegar a ser incluso mejores que las obras originales.

El principal atractivo de los fanfiction es que puedes escribir (o leer) situaciones que no se dan en la obra original, pero que te gustaría que sucedieran. Una novela dramática perfectamente puede convertirse en una comedia. Un libro juvenil no contiene escenas eróticas, pero existen fanfictionpara mayores que sí pueden contenerlas (rated M +16 o rated MA +18). Aún más alocado, es mezclar universos: ¿qué pasaría si los personajes de El señor de los anillos se encontrarán con los de Harry Potter? Muchos fanfics responden de diversas maneras a esa pregunta.

Personalmente, adoro los fanfiction. Me gusta la idea de que, quiénes publican estas historias, lo hagan por pasión. Es decir, se trata de personas que saben que sus escritos no serán famosos, saben que no ganarán dinero y ni siquiera saben si alguien los leerá… Pero aún así persisten, publicando capítulo tras capítulo libros enteros. También creo que los fanfics pueden llegar a complementar la obra original, ya sea explicando situaciones que los autores no explicaron o ahondando en la psicología de los personajes. E incluso sirven para alimentar la fantasía: hay escritores que se insertan a sí mismos en mundos imaginarios creados por otros.

Y tú, lector: ¿has escrito o leído fanfictions?

El peso del presente en la Historia



En su libro La historia como conocimiento, Henri Irenée Marrou plantea que “la riqueza del conocimiento histórico es directamente proporcional a la de la cultura personal de historiador”[1]. Esto quiere decir que al estudiar el pasado, la interpretación del historiador estará determinada por sí mismo y por el presente en el que se ve inmerso. Y si bien en el siglo XIX se intentó objetivizar la historia, hoy se entiende que la disciplina de estudiar el pasado es subjetiva o, al menos, relativamente objetiva. El hallazgo de fuentes de una época nunca nos dirá todo lo que queremos o necesitamos saber de ella; por lo tanto, el historiador debe completar ciertos vacíos. Un ejemplo de esto es el hallazgo de la llamada Venus de Willendorf: a fines del siglo XIX se la interpretó como un objeto sexual o estereotipo femenino. En la actualidad se plantea que el género es una construcción social y difícilmente una cultura prehistórica tendría la misma percepción de la femineidad que la nuestra[2].

El historiador no busca reconstruir el pasado, porque reconoce que esto sería imposible. Su labor consiste en tratar de hacer inteligible una época y percibir lo que en ella se entendía. Como ya se dijo antes, esto se verá influenciado por el presente. Así también las inquietudes del historiador serán influidas por su propia época y cultura: las temáticas que decida trabajar no serán las mismas para todos los historiadores. Algunos preferirán enfocarse en la historia social, otros en la económica e incluso unos decidirán enfocarse en la microhistoria y relatar un pequeño acontecimiento para reflejar el período estudiado.

“La investigación continúa siempre fecunda. Porque los historiadores no son detectores inertes, porque leen con ojos nuevos los mismos documentos basándose en cuestionarios que se reajustan constantemente”[3]. Estas palabras de Georges Duby dan cuenta de lo amplio que puede ser el estudio del pasado. Incluso si varios historiadores eligen el mismo tema, pueden abordarlo desde nuevos enfoques o hacerse otras preguntas respecto a al mismo tema o mismas fuentes. Esto permite conocer el pasado de manera mucho más amplia, a diferencia de la Historia del siglo XIX que sólo se enfocaba en acontecimientos políticos y bélicos.

Por todo lo anteriormente explicado, pueden surgir voces que sugieran que la Historia es ficción. Sin embargo, aceptar la subjetividad en la Historia no significa igualarla a la ficción. La primera está basada en explicaciones demostrables a través de fuentes, mientras que la segunda es sólo fruto de la imaginación. El historiador debe poseer rigor metodológico, criticar las fuentes y, si bien no puede ser completamente objetivo, debe ser imparcial. Evitar los juicios de valor y por lo tanto, el peso del presente, porque como dice Duby: “el más sofisticado de los glosarios resultaba insuficiente, pues todos aquellos términos, al ser préstamos de otra lengua, no se ajustaban jamás de manera exacta a la realidad que pretendía reflejar el hombre que los empleaba”[4]. Esto es aplicable tanto al lenguaje, como a la moral; ambos cambiantes según cada cultura.

Pese a las diferencias entre ficción e Historia, esta última puede utilizar a la primera como medio para difundir el conocimiento del pasado. Como Claudio Rolle indica en su ensayo La Ficción, la Conjetura y los Andamiajes de la Historia, la ficción es un excelente método para mostrar el pasado. Es una vía de difusión ventajosa en parte por su claridad al expresar costumbres de antaño y en parte por su lenguaje sencillo que puede llegar a más gente[5]. Hoy en día están muy en boga las novelas históricas, tal como Los pilares de la Tierra de Ken Follet (ambientada en la Inglaterra del siglo XII) o Legión imperial escrita por el historiador Paul Doherty[6]. Este hecho debiera ser aprovechado por los historiadores para acercar la Historia a las personas que no están inmersas en el mundo académico. Al fin y al cabo, el historiador no sólo debe dejarse influir por sus inquietudes al momento de elegir un período a estudiar, sino también en las inquietudes del resto de la sociedad.

El proceso de construcción del conocimiento histórico está, por lo tanto, sujeto al presente o al servicio del mismo. Al momento de elegir un período y temática, el historiador debe buscar comprender el presente para así darle a la Historia una utilidad que vaya más allá del gusto de unos pocos. Por lo tanto, el peso del presente tanto en el historiador como en la Historia estará siempre allí. Esto no debe verse como una desventaja; al contrario, nos permite comprender a cabalidad el pasado, pues cada época se planteará preguntas diferentes en cuanto a lo que pasó, completando nuestra visión.



[1] MARROU, Henri Irenée. “La historia como conocimiento”, Madrid: Idea Universitaria, 1999; p. 30.
[2] WITCOMBE, Christopher L.C.E. “Venus of Willendorf”, Witcombe Última visita: 8 de mayo del 2010.
[3] DUBY, Georges. “La historia continúa”, Madrid: Debate, 1992; p. 62.
[4] Ibid, p. 44.
[5] ROLLE, Claudio. “La Ficción, la Conjetura y los Andamiajes de la Historia”, Instituo de Historia Pontificia Universidad Católica Última visita: 8 de mayo del 2010, página 5.
[6] Para más títulos de novelas históricas, se puede visitar la página: Última visita: 10 de mayo del 2010.

Convocatoria

La falta de tiempo me ha impedido escribir nuevas entradas. Pido disculpas a los interesados en mi blog. Sin embargo, he creado algunas discusiones "literarias" en el foro Chilecomparte, en la sección de Literatura:

Las mejores y peores adaptaciones al cine
¿Cómo incentivar la lectura en el colegio?
¿Por qué leer los "clásicos" en la actualidad?

Sólo hace falta inscribirse en Chilecomparte. Ojalá hayan interesados en participar. Es un foro con mucho potencial, pero falta gente que lo mueva un poquito.

Saludos.

La conquista de América: El problema del otro





Título original: La conquête de l’Amérique : la question de l’autre.
Autor: Tzvetan Todorov.
Año de publicación: 1982
Género: Historia
Editorial: Siglo Veintiunoa
Edición: 1998, Novena edición en español
Traducción: Flora Botton Burlá
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La conquista de América es un libro que, como señala su autor, habla del “descubrimiento que el yo hace del otro” (13). Para tratar el tema, Todorov utiliza lo que suele llamarse “historia ejemplar”; esto es, narrar un acontecimiento pasado para enseñar algo que concierne al presente. Este libro, por tanto, busca ejemplificar el encuentro con la Alteridad mediante el descubrimiento de América, que para Todorov es el caso extremo de encuentro con la otredad.

En La conquista de América podemos observar un peculiar trabajo de historiografía: el autor se centra en un acontecimiento —no en largos procesos o estructuras— y se preocupa de personajes, no de sociedades. Todorov está tomando un enfoque propio de la microhistoria. Sin embargo, sus personajes no son los que trata la “historia desde abajo” (que es la que suele estar relacionada con la microhistoria), sino más bien aquellos en los que centraba su interés la historia positivista. Pero esto se justifica: el uso de grandes personajes (como Colón, Cortés, Las Casas, etc) se debe a que ellos dejaron testimonio escrito de sus viajes y por lo tanto sirven para expresar la visión que tuvieron los conquistadores, en general, al llegar al “Nuevo Mundo”. Todorov no busca hacer una historia “desde arriba”, en donde el resto de la sociedad tenga un papel menor. Así como la narración de la conquista de América le sirve para ejemplificar el encuentro con el Otro, la visión de los grandes personajes ilustra la de un período.

Sin embargo, ¿para qué ejemplificar el encuentro con el Otro? ¿Qué importancia tiene esto en la actualidad ? Para Tzvetan Todorov, el principal problema que surge al descubrir la Otredad es la incapacidad de comprenderla. Y a su vez, esa incapacidad puede provocar conflictos gravísimos como sucedió en América. Cuando los españoles llegaron, en lugar de ver a los indígenas como sujetos, los “objetizaron” por no ser iguales. Esto provocó un sinnúmero de matanzas y una suerte de esclavitud indígena. Todorov plantea que podemos llegar a ese tipo de extremos al no tratar de comprender al Otro, ya sea que este se presente como extranjero o como una minoría sexual, por mencionar algunos ejemplos. Es por ello que, según el autor, debemos rememorar el pasado y aprender de él.

Esta función moralizante de la historia y del historiador da paso a muchas discusiones. Probablemente, asumir un rol militante —esto es, cuando el historiador asume un compromiso ideológico, ya sea social, político o moral— frente a la historia sea indebido cuando se trata de un estudio enfocado en un pasado que no tiene relación con problemas sociopolíticos actuales. En esos casos, la militancia del historiador pasaría a ser un empeño casi obsesivo por demostrar su tesis y no un estudio al servicio de una causa social. En el caso contrario, cuando se trata de objetos de estudio que tienen directa relación con problemas vigentes de nuestro tiempo, la militancia puede ser válida. Ello no necesariamente implicará que el historiador transgreda la ética o transparencia historiográfica.

De hecho, es eso lo que más se puede destacar de Tzvetan Todorov: asume una posición, la justifica y utiliza una metodología para defender su postura. El autor utiliza variadas fuentes para validarse y aboga por una causa que aún hoy tiene incidencia. No es un historiador que estudia el pasado per se, si no uno que le da un propósito ligado a la sociedad en la que está inmerso. Asimismo, el autor reconoce que su historia ejemplar no es una suerte de manual: “dice el dicho que si se ignora la historia se corre el riesgo de repetirla; pero no por conocerla se sabe que es lo que se debe hacer” (264). La conquista de América cuenta con una bibliografía competente. Todorov utiliza una serie de fuentes para respaldar cada afirmación y, al mismo tiempo, dialoga con exponentes de otras disciplinas para complementar las citas (160).

Esta obra de Tzvetan Todorov es un buen trabajo historiográfico. El autor no ha olvidado que son los hechos los que dan forma a las estructuras y que, al mismo tiempo, los hechos se ven influidos por estructuras anteriores. Aúna una historia de grandes personajes con la microhistoria. Y aún más importante que todo lo anterior, La conquista de América no es un libro que estudie el pasado por mero gusto: Todorov se plantea una función social y, en nuestra opinión, la cumple a cabalidad, pues su obra efectivamente es capaz de hacer conciencia con respecto a la figura de la Alteridad. Por lo tanto, este libro no debe ser pasado por alto. Como historiadores, aún si nos oponemos a la función moral de la historia, La conquista de América sirve para reflexionar en torno a esa problemática y nos invita a analizar un texto en donde los grandes personajes pueden dar cuenta de la cosmovisión de una época.

La roca y la charca

Titulo original: The rock and the pool
Autor: Stephen Tall
Año de publicación: 1976
Género: Ciencia ficción
Editorial: Mosaico
Edición: 1977 en la publicación mensual "Espacio" número 4.
Descarga:  http://www.megaupload.com/?d=BC5NNYWJ

La roca y la charca nos sitúa en un mundo extraño, donde los humanos viven casi como animales. No cuestionan, ni intentan producir ningún cambio. Su existencia gira en torno a la comida y la bebida, proporcionadas por una gran roca y un profundo lago. Cada quien consume una cantidad suficiente para mantenerse vivo. Nadie se extiende más allá de lo conocido, pues no es necesario.

Así transcurre la existencia de estas criaturas. Hasta que un día nace un joven que demostrará que esa extraña especie sigue siendo humana.

En adelante, es posible que te encuentres con spoilers. Si no has leído la novela y no deseas leer adelantos de la trama, no sigas leyendo.

La roca y la charca es una narración estupenda de Stephen Tall. Me sorprende que sea tan poco conocida (ni siquiera he podido encontrar una ilustración para poner en el blog). Apenas inicié la lectura, me sentí transportada al universo creado por el autor. Casi pude sentir las sensaciones de hambre y de sed descritas y en mi mente aún rondan imágenes del vasto desierto donde se hayan la Roca y la Charca.Talvez más de alguno encuentre engorrosa la excesiva descripción, pero creo que cuando se intenta recrear un mundo completamente desconocido, esta es necesaria.

Quise buscar una biografía del autor antes de hablar de su posible intencionalidad, pero está díficil. En español hay pocas referencias y lo poco que encontré en inglés era irrelevante para lo deseado. Pero al saber el año de publicación, es mucho lo que se puede decir.

 Como muestra la información de más arriba, este cuento fue publicado en el año 1976. Es decir, cuando la amenaza atómica aún atormentaba a mucha gente. La roca y la charca refleja ese miedo, pero llegando al extremo: debido a explosiones atómicas, el ser humano ha vuelto a vivir en un estado primitivo. Y no sólo eso, sino que ha creado criaturas más poderosas. Estas criaturas observan como buenos científicos a los humanos, intentando descubrir como una especie tan patética fue algún día la dueña y señora del planeta.

Y parecen a punto de descubrirlo, pues el protagonista (el Alto, como se lo denomina) es el primero en cuestionarse su entorno y en quebrantar las normas. Su intensa curiosidad lo lleva a caminos inexplorados por el resto de pobladores. Con la muerte del más anciano de la comunidad, se marca el final de una era y el posible comienzo de otra mejor. Pero la ambición del Alto es tanta, que se logra percibir que tarde o temprano la comida y el agua escacearan debido al comportamiento irresponsable del joven. Justamente, esa es la historia de la humanidad. Siempre creemos que se está logrando un avance, algo para mejor, cuando muchas veces sólo logramos perjudicar más lo que queremos salvar.

Así, esta breve distopia nos enseña una lección que el género de la ficción científica está empeñado en impartir: los humanos debiéramos actuar con mayor cuidado y contemplación. Debemos detenernos a pensar en las posibles consecuencias de nuestros actos. Y que, incluso actuando de buena fe, podemos ser un verdadero elemento destructivo.


—Desarrollamos una sociedad, un esfuerzo en común. Exploramos las fuerzas naturales. Descubrimos el pasado y de él aprendimos.
—Que es, al menos, lo que seguimos haciendo —finalizó la Profesora—. Todavía no hemos igualado al hombre en su tecnología, pero somos mucho más civilizados que él, porque respetamos los peligros inherentes al mal empleo de los conocimientos."

    Sobre el blog

    He decidido crear este espacio para tener un lugar donde compartir mis lecturas. En lo posible, breves reseñas acompañadas de humildes análisis (o intentos de ellos). De vez en cuando también trataré de agregar un link dónde descargar el relato. En el fondo, la idea es compartir con ustedes una de las actividades que más aprecio: la lectura.

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